Construcciones

Los castillos y ermitas

La situación de las Bardenas en el límite fronterizo del reino de Navarra, primero con los reinos musulmanes y luego con los de Castilla y Aragón propició la construcción de castillos en su teritorio para la defensa de Navarra. En la documentación existente sobre las Bardenas Reales se citan varios castillos, de los que en la actualidad quedan algunos rastros. Estos castillos son los siguientes: Aguilar, La Estaca, Mirapex o Mirapeix, Peñaflor, Peñaredonda, Sanchicorrota y Sancho Abarca.

Las ruinas del castillo de Peñaflor, ubicado en el Vedado de Eguaras, nos dan la idea de aquellas construcciones que solían ser muy simples, una torre principal, la del homenaje, rodeada de murallas con alguna torre secundaria. Estas construcciones datan del siglo XIII, de tiempos de Sancho el Fuerte.

Este castillo también recibe el nombre de Doña Blanca de Navarra debido a la leyenda que cuenta que esta dama fue encerrada en él a pan y agua cuando se negó a casarse con el príncipe de Aragón. Las penurias de Blanca de Navarra fueron mitigadas por un pastor de Valtierra que le llevaba en secreto leche y queso. Cuando la princesa salió de su prisión regaló, en agradecimiento, todas las tierras que rodeaban el castillo a quien le había ayudado. Dicen que por este motivo estos terrenos pertenecen la municipio de Valtierra quedando al margen del resto de las Bardenas.

Las ermitas no se ubican en territorio de las Bardenas sino alrededor del mismo. En lo alto de la sierra del Yugo, que limita las Bardenas por su lado oeste, se levanta la ermita de la Virgen del Yugo. Data del siglo XVII y su retablo es de estilo barroco. Es el santuario mariano más importante y a su Virgen se le llama la Virgen Bardenera. Entre 1820 y 1858 fue sede de las Juntas Generales de Bardenas. Su ubicación sobre la Blanca, proporciona una vista privilegiada sobre todo el Parque Natural.

Existen otras 2 ermitas relevantes, la de Sancho Abarca que se halla en el municipio de Tauste situada en la cima de un cabezo en el limite sudeste de la Negra, y la de Santa Margarita de la que solo queda algún resto. En ella solían realizar sus obligaciones religiosas los pastores de los valles pirinaicos. Dependía de Santa María Magdalena de Tudela y en 1230 la esposa del rey Teobaldo I, la reina Margarita fundó una cofradía.

Y la de San Gregorio ( quedan en pie algunas paredes ), sita en el monte del mismo nombre, junto a la carretera de Tudela – Cabanillas, en km 3.

Los bandidos

El aislamiento de las tierras bardenesas ha propiciado que en ellas se hayan refugiado muchos perseguidos de la justicia. El bandido más famoso es, sin duda, Sanchicorrota, cuyo nombre real era Sancho Rota, que vivió en el siglo XV durante la guerra entre los Agramonteses y Beamonteses. Su influencia se extendió, no solo por las Bardenas, sino por todos los pueblos vecinos.

Para acabar con Sanchicorrota el rey Juan II organizó, en 1452, una partida de más de 200 caballeros que lo cercaron y aniquilaron a la pérdida de Sanchicorrota pero que no pudieron cogerle vivo ya que al verse rodeado, Sanchicorrota se suicidó. El cadáver fue expuesto al público en los pueblos de alrededor.

Sanchicorrota tenía su base en la cueva que existe en el cabezo que lleva su nombre. Esta cueva es artificial, como muchas que hay en la zona del Ebro, y, según cuenta la leyenda, fue construida por unos vecinos por encargo del bandolero que, para guardar el secreto, los asesinó.

El bandolerismo se mantuvo hasta el siglo XIX donde hay noticias de un tal Moneos.